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Cupido está en el aire

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Tengo una hora en coche desde casa al trabajo. No es mucho en América, pero demasiado para mi. Cansada de escuchar dos o más veces un CD preferido, me pasé a seleccionar programas de radio que me acompañaran en mi trayecto diario. Encontré uno que me gustaba de música actual, pero el tiempo dedicado a los anuncios superaba con creces el tiempo dedicado a las canciones, que se repetían y repetían a lo largo del día. Pasé pues, al cambio de frecuencia y encontré un programa de música country que me encanta. Música country, un rayo de sol y el paisaje de campo que atravieso cada día me impregnan de buen rollo para empezar el día con energía.  Pero ¡Oh, sorpresa! además de la música country, los locutores, Jackson y Hannah, han empezado un programa...¡de amor! La cosa va como sigue: - una persona entabla conversación con un desconocido, ya sea esperando el bus, o en la cola del supermercado.  - al separar los caminos con el totalmente desconocido, la persona piensa que puede ser el amor de s…

Momentos de relax

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Ayer decidí que mis peques ya eran suficientemente mayores y que podía ir tranquilamente con ellos al supermercado para la compra semanal. Si, lo reconozco, me había levantado demasiado optimista. Pero ya se sienten mayores (y lo son) para muchas cosas, con lo cual decidí que me acompañaran y me ayudaran en la búsqueda de los alimentos que tomamos semanalmente toda la família.  Orgullosa, aparqué el coche y con un hijo a cada lado, entré en el supermercado. El mayor se ofreció a conducir el carrito, a lo que yo acepté encantada.  Empecé con la sección de lácticos, mirando qué yogures eran los más ricos (sin mirar las calorías). Estando yo en estos quehaceres, decido sacar mi vista de los estantes yoguriles y me encuentro que mi mayor había llenado el carrito con sus yogures preferidos, pero no con 3 o 4, sino con 50 o 60. Le digo que no puede cargar con tantos, y le cuento los motivos razonables (espaciales y económicos básicamente) por los que no está bien cargar tantos yogures. Parece…

Kennedy nació aquí

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Cien años antes de conmemorar el centenario de su nacimiento; mucho antes de que fuera recordado por el Presidente que hizo y que pudo hacer mucho más si no lo hubiesen asesinado; antes de ser el Presidente de los Estados Unidos que hubiera logrado la frase "Cambridge, tenemos un problema", y no "Houston, tenemos un problema"; antes de ser elegido el primer Presidente americano gracias a un aparato que estaba triunfando en esos momentos llamado televisión, antes, antes de todo eso, Kennedy nació un 29 de mayo de 1917 en Brookline, Massachusetts, en la casa que sus padres poseían en la 83 Beals street. Brookline es un pueblo, o ciudad adosada a Boston, donde no se distingue donde acaba uno y empieza la otra. Calles y calles de edificios bajos, señoriales y antiguos, marcan las principales arterias de comunicación con la ciudad. Calles y calles pequeñas repletas de casas de madera de todos los colores, dibujan un bonito entresijo de vida alrededor. En una de esas calle…

recuerdos

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Salgo al jardín. Un jardín americano con barbacoa, césped bien cuidado, sin valla material que nos separe del jardín del vecino. Pero hay algo que irremediablemente me recuerda a mi casa. Mi casa cuando la casa de mis padres era mi casa. Cierro los ojos y huelo. Huelo ese olor inconfundible de los lilas que me transportan a mi niñez, a mis días corriendo y saltando por las calles de un pequeño pueblecito cerca de Barcelona.  Y recuerdo. Recuerdo el camino trazado cada día junto mi hermana de casa a la escuela y de la escuela a casa. A mitad del camino, un vecino tenía un minúsculo jardín de donde brotaban las flores de lilas en primavera. Las flores, desconocedoras de límites y prohibiciones, salían del jardín y nos saludaban desde la calle, para que pudiéramos olfatearlas, tocarlas y admirarlas. Todas las flores se parecen un poco a la rosa del "pequeño príncipe", de eso estoy segura.  Y ese olor y ese color de las flores tan cercanas me han quedado grabados para siempre en el…

Ticks

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Sábado por la mañana. Toda la casa está dormida. Los despertadores apagados, no sea que nos asusten mientras estamos en brazos de Morfeo. Un tímido rayo de sol se cuela débilmente a través de la ventana y yo me giro hacia el lado opuesto, para disfrutar de este sueño calmado, de un día sin prisas, de un despertar lentamente que nos llevará a un desayuno sin horario pero con toda la família.  De pronto, un grito ensordecedor: "¡Mamáaaaaaaa!" Me incorporo, mientras intento situarme plenamente en este momento de realidad. Mientras busco mis gafas palpando en la mesilla de noche, mi pequeño entra en la habitación como una exhalación. "¡Mamá, MIRA, un tick!" Y me muestra una garrapata asquerosa adherida en la parte delantera de su pie. Comprobamos aterrorizados que las patas de este ser infecto se mueven, y que tiene la boca insertada dentro de la piel de mi hijo.  Me hiperventilo y vuelo para coger el teléfono y llamar a la pediatra. Me contesta una voz soñolienta que result…

al despacho del director

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Soy una de esas madres que no participa en las actividades escolares. Admiro a esas madres que dedican gran parte de su tiempo a organizar actividades para los niños, para los padres y madres de los niños, para los profesores de la escuela, ... admiro a esas madres que te envían 5467 emails recordándote una actividad u otra, en los que te comentan que sería bienvenida tu ayuda y tu asistencia en actividades solidarias para recaudar fondos para todo tipo de eventos o situaciones. Pero yo no soy así.
Para disminuir mis remordimientos de mala madre, decidí aceptar, junto al padre de mis hijos, la invitación para uno de los eventos más especiales del año en lo que a actividades organizadas por madres dedicadas se refiere, la ¡Auction Night! O sea, la noche en la que los padres de los maravillosos niños pagan sumas estrafalarias para comprar objetos que aún lo son más. Tal como dijo el Maestro Gael García Bernal en "Mozart in the jungle", nadie sabe si se recaudan fondos para orga…

Feliz 90 cumpleaños

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Esta semana mi abuela, mi ídolo, ha cumplido 90 años. Nos separan 6000 km de distancia, y otra distancia, esta si, insalvable: su alzheimer. Decidí que superaría estas distancias y me tomé el día libre, me acerqué al Charles river, caminé hasta Cambridge y me senté en una terracita en Harvard Square, saboreando un café con leche y un croissant de los de verdad, mientras escribía mis recuerdos sobre ella. Conseguí escribir particularidades que definen mis años de infancia y juventud al lado de una mujer de carácter fuerte. Una de las cosas que me gustaba de mi abuela era acompañarla a la compra por nuestra pequeña ciudad. Mi abuela siempre ha sido muy presumida. El negro no era un color que estuviera en su vestuario, usaba ropas de todos los colores, preferiblemente con estampados floreados, conjuntado con tacones de vértigo. Incluso para ir a comprar una docena de huevos, mi abuela se arreglaba según los siguientes cánones de belleza: - cabello crepado, desafiando las leyes de la graved…